El guitarrista David Margam presenta su disco ‘Magnetic’ y hace un recorrido por su trayectoria de tres décadas.
Artículo por Rafael Marfil / Granada Hoy

Hay que insistir en que la música y la cultura no son algo que se hace cuando no hay nada más importante, para quemar el tiempo, entretenidos a merced de lo que el mercado nos quiera vender en ese momento. Y, para ilustrar esta idea, llega la enseñanza del concierto de David Margam, que no es otra que dar ejemplo de cómo se puede pensar en la belleza, no dejar que nadie te la robe, y construir un sueño durante treinta años de trayectoria. Solo entender esta moraleja hizo que el concierto valiera la pena.
Toda una lección de pensamiento positivo, en esta era de la psicología new age, para que tomemos nota y, más que disfrutar, que también, aprendamos a vivir. No es casualidad que su primer disco se titulara Inmune, entrando de lleno en las listas especializadas de las principales estaciones de radio del mundo. Era una inmunidad a la postpandemia y, seguramente, a todo lo prosaico que la vida te tiene preparado a la vuelta de la esquina, como vimos en una entrevista en este periódico.
Un símbolo también en estos tiempos del hantavirus, que Dios quiera no llegue a más. Todo eso, desde el Zaidín, como él mismo decía en este último concierto. Y originalmente desde Vegas del Genil, que ha reconocido su trayectoria hace pocos días. Por este motivo, por encima de lo musical, interrumpa la lectura de esta crítica, dibuje y perfile su sueño, estudie si puede dedicarle algunas décadas e inténtelo con decisión. Como en el viaje a Ítaca, lo importante no será la meta, sino el camino.

Es verdad que este guitarrista y productor apuesta, inasequible al desaliento, por la promoción, porque sabe que se es a base de parecerlo. Sin embargo, eso no significa abandonar la excelencia en sus trabajos musicales. Y en esa lucha, el que fue creador del mítico grupo Funkdación, ha presentado en el Teatro Isabel La Católica su nuevo disco de estudio, titulado Magnetic, donde combina creaciones propias con otras en colaboración con músicos de influencia internacional, como Carlos Camilo, Madz Johnson, Hort Lippitsch o John Carey.
Un trabajo discográfico que ha contado con el diseño visual de Roberto Granados. Con la excusa de ese inicio del tour de Magnetic, Margam ha ido repasando su idea del jazz, que tiene mucho que ver con lo que siempre hemos llamado fusión y que, en realidad, no ha pasado de moda. Para ello, el magnífico directo de su nueva formación mostró una enorme sensibilidad al revisar el sonido de Marcus Miller, Miles Davis en su etapa electrónica, Grover Washington Jr. o Spyro Gyra, grandes de lo que fue y sigue siendo un nuevo sonido, que combina dulzura e intensidad, y que es difícil de catalogar como género, pero que sigue teniendo grandes defensores, como es el caso.

Defensa del jazz contemporáneo
Puede que, con ello, David Margam termine por ser, realmente, profeta en su tierra, porque lleva razón, en su explicación, que es un género musical que todo el mundo valora, pero que no suele tener acomodo en los festivales de jazz de los últimos años. A partir de ahí, podemos encontrar el aire funk, groove, soul o smooth en su música, pero no es cuestión de hacer alarde de términos que, en definitiva, resumen un sonido genuinamente norteamericano. Esa es la banda sonora del sueño de Margam, hecho realidad en uno de los principales escenarios de su ciudad.
Fue un momento emotivo reunirse con sus viejos amigos de la infancia, como el guitarrista Andrés García y el saxofonista Jesús Mata. Uno, valiente con la guitarra española; y el otro, con un sonido a lo David Saborn, demostrando que se adapta a todos los registros. Además, hubo sorpresas, como la aparición del saxofonista Erly Thornton, que ha venido de Estados Unidos para recorrer durante un tiempo los circuitos malagueños.
Pareciera que llevaba toda la vida tocando con este combo. También, el descubrimiento del joven bajista Vicente Lopretti. En lo musical, que es lo más importante de lo menos importante, nadie piense que las improvisaciones fueron esquemas sencillos, pentatónicas de blues adaptadas o atajos similares.
El discurso en los solos fue de una extraordinaria calidad en todas las intervenciones, demostrando que esa idea del jazz contemporáneo repite esquemas melódicos jugando con tonos in crescendo, con ese aire de música de película o hilo musical, pero que es el legado de la riqueza discursiva que inventaron en el bop los grandes maestros. Recordando a Whitman, no olvidemos que prosigue el poderoso drama y que cada uno de nosotros puede contribuir con un verso.
